COBERTURA ESPECIAL POR EL NUEVO DÍA Y PRIMERA HORA

María, un nombre que no vamos a olvidar

El huracán revolcó a Puerto Rico con más fuerza que la de Katrina. Dejó al 100% de la isla a oscuras y al 60% de la gente sin agua. Acabó con las telecomunicaciones, provocó 64 muertes y daños por 100,000 millones. La isla retrocedió 40 años en el tiempo.

20 de septiembre. 6:15 a.m. Es la hora oficial en la que el huracán María, de categoría 4 en la escala Saffir-Simpson, entra por Yabucoa y golpea Puerto Rico. Atraviesa toda la isla con vientos sostenidos de 155 millas por hora que arrancan, revuelcan y muerden todo a su paso.

El huracán trae consigo lluvias torrenciales que descargan sobre el terreno hasta 40 pulgadas de agua. Los ríos Grande de Loíza, Grande de Manatí y Grande de Arecibo, así como La Plata, entre Comerío y Bayamón; Cibuco en Corozal; Espíritu Santo en Río Grande; el Guayama, el Piedras y el Puerto Nuevo se desbordan y causan inundaciones en casi 78 municipios, causando terror, angustia y devastación.

Los vientos brutales y sus ráfagas de hasta 200 millas por hora tragan árboles, doblan semáforos, fracturan torres de luz, extirpan techos, lo que encuentran. María es una máquina de triturar vidrio. Sacude a las palmas como si fueran de juguete. Miles se quiebran. Levanta un mar furioso con olas de hasta 25 pies de alto. Se come la playa y lanza toneladas de arena sobre las calles más turísticas de la isla.

A dos meses de María , así se vivió el huracán en Puerto Rico.

La ira de María no descansa en su derrotero por la isla. En diagonal, iza sus vientos huracanados sobre Maunabo, San Lorenzo, Caguas, Cidra, Aguas Buenas, Comerío, Naranjito, Corozal, Vega alta y Vega Baja. Se ensaña con Manatí, Barceloneta y Florida. Estruja a Arecibo y da un portazo entre Hatillo y Camuy.

El Yunque, el único bosque pluvial del sistema de Parques Nacionales de EE.UU., y sus miles de plantas autóctonas, incluidas 88 consideradas raras y 23 únicas, se rinden ante el embate de María.

Lo mismo sucede con el Jardín Botánico de Caguas, uno de los más bellos del caribe. Es tierra arrasada. Nada queda en pie.

A las 9 am barre con San Juan, la capital. El casco histórico queda desolado. La catástrofe se acelera. Apenas han pasado 14 días desde que el huracán Irma, de categoría 5, azotara a la Isla del Encanto. El paraíso se vuelve un infierno. El gobernador Ricardo Rosselló ya lo había advertido: “Puede ser el peor evento atmosférico en un siglo en Puerto Rico”. Tiene razón.

En La Perla, la comunidad más famosa de la isla en el exterior, los techos se derrumban. Las casas ceden.

Eso le ocurrió a la vivienda de Luis Santiago, uno de los residentes de la base de la comunidad, enclavada sobre el mar. El antes y el después de su casa es impresionante.

“El paso fue demasiado devastador. La casita se fue. Ya no sirve de nada”, dice Luis.

En el noreste, el río Fajardo se ha salido de su cauce y está a punto de inundar el casco urbano y la alcaldía. En la Marina Puerto del Rey, las embarcaciones quedan dadas vueltas; algunas, totalmente hundidas. El alcalde, Aníbal Meléndez, declararía más tarde: “Nunca había visto mi ciudad tan destrozada”.

Vista aérea de los muelles de Fajardo.

En Morovis y Orocovis, sobre el centro de la isla, los vecinos que se han refugiado en casas de cemento ven como sus propias casas, de madera, son extirpadas de las laderas por las fauces de María. En la Montaña, una de las regiones más afectadas por el huracán, los deslizamientos de tierra degluten barrios enteros.

Wilfredo Cruz González, vecino del barrio Torrecillas de Morovis observa lo que quedo de su hogar tras el huracán.

El caos es total. En menos de 8 horas, María ha provocado daños jamás vistos por los puertorriqueños en los últimos 80 años. La desesperación entre la gente es absoluta.

A las 2 p.m., un avión caza huracanes de la Fuerza Aérea capta a María galopando fuera de suelo boricua rumbo a República Dominicana. Pero la cola de sus vientos se siguen sintiendo por horas como un látigo sobre Puerto Rico.

El huracán deja al 100% de la isla a oscuras. El 60% de la población no tiene agua potable. Los 78 municipios quedan incomunicados, con el 92.7% de las torres de telecomunicaciones caídas. Apenas hay internet en algunas zonas del aérea metro. No hay televisión, ni funcionan los celulares. Solo una radio, Wapa, queda en pie junto a El Nuevo Día y Primera Hora. Son los únicos tres medios que informan lo que sucede con alcance nacional.

Torres de electricidad de Barceloneta, dobladas por María.

En cada municipio las imágenes se repiten una y otra vez. Casas derribadas, estructuras acabadas. Puentes colapsados; otros, anegados; carreteras desgarradas y entrañas abiertas. Arterias como la PR-111, entre Moca y San Sebastián, ceden frente al peso de las aguas y los vientos. María raja la tierra.

El antiguo puente de La Virgencita en la carretera 2, en la entrada a Toa Alta.

Los helicópteros comienzan a sobrevolar los barrios. Puerto Rico ha cambiado para siempre. Tiene otra geografía. La vegetación de bosques como los de Utuado, Adjuntas y Jayuya pierde su verde exuberante, su frondosidad majestuosa. Parece abrasada por el fuego. Según el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, el 98% de los árboles adultos se quiebran, aplastan, obstruyen rutas y caminos. El mar extravía su turquesa. Parece un río. Oscuro. Fangoso. El cielo, gris, sigue trayendo agua. La Guancha, en Ponce, es la postal del día.

Las granjas solares de Humacao han sido arrancadas de raíz. Desde el aire se ven como papelitos sueltos, desparramados. Los 13 molinos de viento de Naguado, instalados en 2012 como fuente de energía renovable, han quedado destruidos.

Las granjas solares de Humacao, devastadas por el huracán.

La mayoría de los hospitales de la isla quedan sin energía eléctrica. Al día siguiente, solo siete de ellos pueden mantenerse en funcionamiento gracias a generadores.

En el barrio Levittown, en Toa Baja, el agua llega casi al segundo piso de las casas. La evacuación y los rescates son de película. La gente tiene, literalmente, el agua al cuello. Las autoridades llegan en botes y lanchas a salvar a los vecinos. Rescatan a 2,000 personas por la noche.

Los caudales de los ríos Bayamón y La Plata se desbordan por las lluvias marianas, dejando la región irreconocible.

La cosecha de café y de plátano se ha perdido por completo. Según la comisionada residente en el Congreso, Jennifer González, el 80% del campo ha quedado devastado. Solo esas pérdidas representan 740 millones de dólares.

Vista aérea de un cultivo de plátanos en el Valle de Yabucoa.

El Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín sufre daños significativos. Solo queda en pie uno de sus radares. Los otros tres no pueden operar. Tampoco tiene luz. Los vuelos quedarán restringidos durante 11 días. Los puertos están cerrados por mal tiempo. La ayuda no puede aterrizar ni desembarcar en la isla.

Puerto Rico está en emergencia. Las autoridades se enfocan en salvar vidas y rescatar a los damnificados. El gobernador Ricardo Rosselló decreta toque de queda el mismo 20 de septiembre para mantener el orden en la isla. Nadie puede salir desde las 6 p.m. a las 6 a.m.

48 horas después del paso del huracán, la pesadilla no termina. El Servicio Meteorológico Nacional emite una alerta de emergencia para Quebradillas e Isabela. La represa de Guajataca y amenaza con quebrarse y derramar sus más de 34,000 acres-pies de agua. El gobernador ordena desalojar de forma urgente a los vecinos: “Es una situación de extremo peligro”. 70,000 personas viven a los pies de Guajataca.

El paso de María deja el mayor desastre natural que haya conocido la isla desde 1932, cuando San Ciprián impactó a Puerto Rico. En aquel entonces, los huracanes eran bautizados con el nombre del santo del día.

María superó en potencia al huracán Hugo de 1989 y categoría 3. Y aunque fue un ciclón categoría 4 como Georges de 1998, sus vientos fueron más fuertes. Ella rugió sobre Puerto Rico y obligó a 11,229 personas a buscar asilo en 158 refugios de emergencia. Fue más fuerte que Katrina.

Refugiados aguardan el paso de María en el Coliseo Roberto Clemente.

Se calcula que 472,000 hogares sufrieron algún nivel de daño. El Departamento de la Vivienda de Puerto Rico y la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, en inglés) prevén que entre 25,000 y 30,000 fueron totalmente destruidos. “Lo que estamos viendo en Puerto Rico es una catástrofe”, dijo el meteorólogo Anthony Reynés, del Servicio Meteorológico de EE.UU., encargado de monitorear al huracán durante su trayectoria.

Oficialmente, María causó la muerte de 64 personas, aunque otros recuentos hablan de más fallecidos. María provocó daños que las autoridades calculan que llegarían a los 100,000 millones de dólares. María dejó detrás una isla partida al medio, una población desgarrada hasta la médula y obligada a retroceder 40 años en el tiempo. María dejó en Puerto Rico y en el Caribe dolor, desconsuelo y un nombre que nunca vamos a olvidar.

La circunferencia completa del huracán María, sobre Puerto Rico, en una foto tomada por el satélite experimental GOES 16.(NOA)

El impacto de María en números

Acualizado miércoles, 22 de noviembre de 2017

64 fallecidos entre muertes directas e indirectas

472,000 hogares dañados o destruidos

11,229 personas en refugios

158 refugios habilitados al momento del impacto

100% de la isla sin luz

92.7% de las torres de telecomunicación caídas

60% de la gente sin agua

7 hospitales pudieron restablecer su servicio tras el huracán

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