SITUACIÓN POR MUNICIPIO

Cabo Rojo

Los números

Superficie 182.5 km² (Gobierno de Puerto Rico)

Habitantes 49,361 (2016, estimado del Censo)

Dato3,000 personas sin agua

Dato400 toldos azules pedidos

María golpea Joyuda, pero fue más gentil con el resto del Cabo Rojo

Junto a las playas de Boquerón, las de Joyuda se contaminaron con sedimento tras el paso del huracán

Las casas construidas en madera en la zona montañosa colapsaron y las que no, perdieron el techo. Algunos de los negocios de comida más populares del poblado, como Galloway’s Bar & Restaurant, fueron destruidos por sus feroces vientos. El servicio de energía eléctrica dejó de operar inmediatamente. El agua, en cambio, llegaba a la mayoría de las zonas, pero luego surgieron complicaciones que dejaron a los vecinos hasta nueve días con sed. En la montaña, a aproximadamente 3,000 mil habitantes nunca les llegó el agua. El paso del huracán María por Cabo Rojo dejó una huella profunda. Inolvidable.

Las áreas verdes, en su mayoría, sintieron el fuerte castigo de los vientos y las lluvias, y muchos árboles, especialmente los de mayor edad, se partieron de raíz.

Múltiples postes de cemento y de madera caídos, y cables tendidos en las calles, dificultaron el paso en las carreteras 100 y 101. Las telecomunicaciones colapsaron. Solo progresaban algunas llamadas telefónicas, pero no por mucho tiempo.

Las aguas del balnerario de Boquerón perdieron su turquesa natural al llenarse de sedimento marrón y se quedaron sin bañistas. Las autoridades recomendaron no bañarse allí. Joyuda fue la zona más afectada. Escaseó el dinero, el agua, la comida y otros suministros, y los residentes que requerían de oxígeno a causa de padecimientos de salud, se las vieron difícil. María dejó sin aliento uno de los municipios más frecuentados por los puertorriqueños en época veraniega.

Néstor Montalvo, vecino de la comunidad Puerto Real, perdió la mayoría de sus pertenencias ante el paso del huracán María.

Eloy Mena, propietario del restaurante Vista Bahía en Joyuda, camina sobre lo que fuera su negocio.

Gran parte de los negocios del pueblo, ante la falta de energía eléctrica, dejaron de operar. Solo las grandes cadenas de farmacias, supermercados y franquicias de comida rápida, se mantuvieron abiertas, aunque en horarios limitados, gracias a los generadores de gas o diésel. Uno de ellos se instaló en el pueblo para proveer electricidad a dos negocios ubicados al final de la plaza pública Ramón Emeterio Betances.

El recogido de escombros, según el alcalde del pueblo Roberto Ramírez, se trabajó con relativa prontitud. Lo empleados del municipio comenzaron la tarea, pero la colaboración de los caborrojeños fue crucial para limpiar y despejar las vías.

Cabo Rojo se sumó al resto de los municipios que denunció y criticó la lentitud e inacción del gobierno federal y estatal, en la distribución de suministros, alimentos y otras ayudas.

Tras realizar un recorrido por el pueblo luego del paso de María, el alcalde Ramírez contabilizó, por lo menos, 400 viviendas que necesitan los toldos azules de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, en inglés). Un mes después del ciclón categoría 4 en la escala Saffir-Simpson, la agencia solo había enviado 170.

Ante la falta de comunicación y la gran necesidad de alimentos, agua y otros bienes, en un principio, el alcalde se vio obligado a acudir a las oficinas regionales del gobierno central ubicadas en Mayagüez, Hormigueros y otros municipios aledaños para gestionar ayuda. Luego, se lograron establecer ocho centros de distribución a través de Cabo Rojo. Una vez llegaban los suministros a los centros, grupos de líderes comunitarios se encargaban de distribuirlos a través de los distintos sectores del municipio.

“Nos estamos levantando, trabajando, recuperando…”.

Roberto Ramírez, alcalde de Cabo Rojo.

El tema de salud fue una prioridad en Cabo Rojo luego del paso del huracán. Las limitaciones en ese sentido fueron tal que profesionales del campo farmacéutico prestaron sus vehículos personales para el recogido de medicamentos.  La escasez de efectivo complicó más el panorama. Tanto así, que la cooperativa del municipio no tuvo más remedio que acudir a diferentes comercios para intercambiar el efectivo que tenían los negocios para poder ayudar a la gente.

El alcalde de Cabo Rojo se sostuvo en todo momento que el pueblo estaba en necesidad tras el paso del ciclón. Sin embargo, admitió que los daños que dejó María en el municipio no alcanzaron la magnitud que sufrieron pueblos del área norte y este de Puerto Rico, y municipios por donde pasó el ojo del huracán tragando todo a en su camino.

Un poste de electricidad, quebrado por los vientos del huracán María en la carretera 102 de Cabo Rojo.

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