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Una nueva vida para los arrecifes de coral en Vega Baja

Un grupo de voluntarios lleva adelante un programa de siembra de estos animales marinos que dejan más de $1,400 millones al año en la isla, mientras las autoridades buscan $31 millones para rehabilitarlos tras el impacto de los huracanes.

Por Wilma Maldonado y María Arce

Vega Baja – Es uno de los sistemas naturales más espectaculares de la tierra. Bellos, exóticos y misteriosos, los arrecifes de coral despiertan un interés tan grande como ellos en Puerto Rico y en el mundo.

“Ellos llegan a un sitio desértico, donde no hay nada, bien aburrido, empiezan a crecer, lo dejan bien bonito y lo ponen de moda. Encienden el party y todos van a janguear ahí. Pececitos, crustáceos, langostas llegan ahí, ponen sus casitas, riegan la voz. Y llega más “gente” por ahí. Es bien cool. Crean una sociedad debajo del agua en un lugar donde no había nada, solo arena”, dice con frescura y naturalidad Ernesto Vélez Gandía, voluntario de la ong Grupo V.I.D.A.S que trabaja en Vega Baja para rehabilitar los corales dañados por los huracanes Irma y María.

Ernesto tuvo un flechazo con los corales. “Fue amor a primera vista”, dice y por eso, hace 9 años, colabora con la ong en sus campañas de protección ambiental.

Las costas norteñas de Puerto Rico desafían el mounstro que dejó María.

Los corales, que funcionan como una barrera natural para las costas boricuas, inyectan más de 1,400 millones de dólares al año a la economía de la isla, según un estudio revelado en agosto pasado, cuando se cumplían 11 meses del galope furioso del huracán María. Pero además, albergan en su interior una biodiversidad poderosa en la que se crían moluscos, crustáceos y peces juveniles.

En Vega Baja, donde hay un sistema de 6 kilómetros (3.72 millas) de arrecife, el huracán Irma, primero, y María, después, hicieron estragos.

Corales sobre la playa Positas de Lido, en Vega Baja, que cuenta con un sistema de 6 km de arrecifes. (Foto: Ramón "Tonito" Zayas)

El investigador de arrecifes, Ricardo Laureano, llegó a calificar de “bestial” el daño causado por los fenómenos que pisotearon Puerto Rico con solo dos semanas de diferencia.

Un año después de los huracanes, el Grupo V.I.D.A.S. (Vegabajeños Impulsando Desarrollo Ambiental Sustentable), que lidera Laureano y del que participa Ernesto Vélez, mantiene su espíritu y dedicación en alto para recuperar los tesoros coralinos.

El desembarco de Irma dio la primera bofetada a los corales y V.I.D.A.S., fundada en 2006, salió al rescate. Las marejadas que había dejado el huracán expulsaron pedazos de corales que la ong intentaba devolver al mar, 14 días después, cuando María puso a zozobrar a Puerto Rico.

“Ya nosotros habíamos comenzado a sembrar corales rescatados de Irma. El 12 de septiembre ya estábamos metidos en el agua bregando, pero una vez viene María tenemos que detenernos y bregar con la emergencia que había en el país”, explicó Laureano.

Este ambientalista y su equipo se dedican, entre otras tareas, a la siembra de corales para devolverle al arrecife la masa viva perdida.

Existen dos métodos de siembra directa: por incrustación o amarre. Para incrustar un fragmento de coral se necesita hallar ranuras o grietas adecuadas en las que este animal marino pueda ser empotrado y se adhiera naturalmente.

Ricardo Laureano sostiene un coral muerto en las costas de Vega Baja. (Foto: Ramón "Tonito" Zayas)

Para sembrar por amarre a los corales, toca “bañarlos” primero, limpiarlos con cepillos de alambre para eliminar sedimentos y algas. También se cepilla el sustrato o la superficie en la que se los siembra “para que la capacidad de adhesión del fragmento sea mayor”, explicó Laureano. Luego, se los asegura con pinzas, abrazaderas plásticas y, a veces, clavos de acero. Además, se les coloca un tag con un número de identificación -igual al que usan las vacas- que permite seguir su evolución.

Pero para sembrar los corales con éxito se necesita que el fragmento tenga al menos 2 pulgadas de largo y presente un estado saludable. Si está muy deteriorado no llegará a sobrevivir.

“Encontramos muchos fragmentos y de muy buena calidad, con un 80% de masa viva o tejido vivo”, destacó Laureano. Apostaron por ellos y los sembraron uno por uno. A los que no estaban en tan buenas condiciones los devolvieron al mar a la espera de que los más fuertes lograsen formar colonias por si solos.

“Recuerda: si te mueres por tocarlos, se mueren de tocarlos”, reza uno de los letreros en los alrededores de la playa Positas de Lido donde trabaja la ong V.I.D.A.S. (Foto: Ramón "Tonito" Zayas)

Si los corales permanecen bajo el agua tras un huracán, tienen un 20% de posibilidades de sobrevivir. Sin embargo, si se mantienen amarrados a superficies más grandes, la sobrevida aumenta hasta un 90%. De ahí, la importancia del trabajo de los voluntarios de V.I.D.A.S.

El proceso que comenzó en septiembre para la ong de Vega Baja, siguió con una evaluación de las profundidades en octubre pero tuvo un impasse en noviembre. “María nos llevó a estar fuera del agua un montón de tiempo en lo que habilitábamos la zona para poder entrar, mas luego nos cogió en pleno paso de las marejadas de invierno”, explicó Laureano. Para diciembre, V.I.D.A.S. pudo retomar la siembra. En enero y febrero un fenómeno de aguas turbias les impidió continuar. Pero regresaron a las labores en marzo y para mayo habían concluido los amarres. Sembraron 2,165 corales.

“Sé que es un granito de arena a la problemática mundial. Pero ser un granito nos motiva a ser una duna de arena”.

- Ernesto Vélez Gandía, voluntario.

En paralelo, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) solicitó a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencia (FEMA, en inglés) una misión para la evaluación y restauración de los corales.

Se realizó un muestreo sobre un total de 4,460,069 pies cuadrados (414,354 m2) de arrecife y se evaluaron más de 80,000 corales en 153 estaciones en toda la isla. En promedio, el 11% de los corales de la muestra resultaron afectados.

Su rehabilitación es una necesidad urgente para Puerto Rico y sus costas. Al margen de los más de 1,400 millones de dólares que dejan de la mano del turismo, la restauración ecológica de los arrecifes juega un rol cada vez más relevante en la recuperación de la pesca y la biodiversidad. Pero además, un arrecife de coral en buenas condiciones puede reducir la energía de las olas hasta un 97% y puede reducir la altura de las olas hasta un 84%.

El jardín de los cerebros, uno de los sectores del arrecife de coral de Vega Baja. (Foto: EFE)

Para rehabilitar a los corales boricuas se necesitarán 31 millones de dólares. A 12 meses del huracán, las autoridades aún trabajan en identificar de dónde saldrán esos recursos.

Sin embargo, algunas entidades han liberado fondos. Por ejemplo, V.I.D.A.S. recibió unos $15,000 de la Fundación Nacional de Pesca y Vida Silvestre y otros $7,650 de NOAA y FEMA con los que pudieron sufragar los costos de las inmersiones, buzos y materiales para la siembra.

Pero esos fondos ya se agotaron y necesitarán unos $6,000 más para hacer controles en noviembre próximo, cuando hayan pasado 6 meses de la última siembra. Se zambullirán de nuevo a revisar los corales, medir su porcentaje de masa viva y si han generado nuevas ramificaciones.

“De lo sembrado, a vuelo de pájaro, al menos un 85% está adherido al sustrato y en buen crecimiento”, diagnosticó Laureano.

“Nosotros nos criamos aquí, haciendo snorkel, surf, pesca submarina. Nos criamos viendo eso y cómo se fue perdiendo la biomasa del ecosistema. Y si queremos que esto siga funcionando, tenemos que preservar esa barrera, si no, el mar va a penetrar más radicalmente de lo que está entrando. Estamos protegiendo a los corales, pero también nuestras vidas”, señaló.

“Sé que es un granito de arena a la problemática mundial. Pero ser un granito nos motiva a ser una duna de arena”, dijo Vélez para quien su trabajo como voluntario significó completar un rompecabezas. “No sabía que me faltaba, pero encontré esa pieza y llené un espacio muy grande en mi vida”, confesó.

Para Vélez, es bien reconfortante este trabajo: “Los corales son imanes de vida. Al cabo del tiempo, ellos crecen y tú puedes verlo, palparlo, saber que tus propias manos pusieron esos corales ahí. Eso te llena por dentro. Ellos cargan en sus espaldas la vida del planeta”.

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