Los números
Superficie 157.3 km² (Gobierno de Puerto Rico)
Habitantes 51,009 (2016, estimado del Censo)
Dato5 mil personas perdieron pertenencias
Dato230 cotorras sobrevivientes
El verde de El Yunque, sumido en la oscuridad por María
El huracán destrozó a este parque nacional, único en su tipo. Derribó techos, postes de cemento y causó serias inundaciones en Río Grande
Bambúes tronchados, árboles arrancados, postes de concreto hechos añicos, líneas de alta tensión en plena carretera, carros aplastados y gasolineras destruidas: la PR-3 parecía un campo de guerra.
El huracán María tumbó todo lo que encontró en el camino: techos, billboards, rótulos inmensos, semáforos y palmas. En Río Grande, donde pasamos el ciclón, no quedaron en pie ni las esculturas emblemáticas de las cotorras puertorriqueñas.
En El Yunque, el temporal arrasó con la espesa vegetación verde que quedó quemada en una impresionante tonalidad marrón. Uno de los biólogos que pernoctó en el bosque describió las escenas como dantescas.

La embestida del huracán María trastornó la vegetación de El Yunque.
En el estadio municipal Ovidio de Jesús, la furia de los vientos derribó gigantescas luminarias y dobló una de las puertas de acero. Con las fuertes lluvias, los ríos Espíritu Santo, Herrera y Mameyes se desbordaron y provocaron grandes inundaciones en sectores del pueblo que tuvieron que ser desalojados.
“Esto fue indescriptible. El ojo de Hugo pasó por aquí, pero este huracán María, no solo tenía vientos, sino que también trajo muchos tornados. Aquí los vientos fueron como de 140 a 150 millas”, narró Miguel Ángel Rivera, mientras sacaba con su esposa los escombros que arrastró el río Mameyes hasta el portón de su residencia en el barrio Palmer.
“Nuestra propiedad es un pequeño bosque para las aves y el huracán lo taló”, sostuvo señalando al patio de la finca. Detalló que el ciclón le arrancó cuatro árboles de flamboyán y un esterocarpio.

Una gasolinera en la Avenida 65 de Infantería fue destruida por la furia de los vientos.

Una familia disfruta a la orilla del Río Espíritu Santo mientras su ropa se seca en el tendedero.
El alcalde Ángel “Bori” González estimó que unas cinco mil familias perdieron sus viviendas y pertenencias con la barrida del ciclón. El segundo día tras el paso del huracán, había unas 154 personas en refugios.
“A nosotros nos reventó el ventanal de cristal del balcón y las puertas y ventanas salieron expulsadas hacia afuera. Terminamos en el baño”, narró Roberto Garratón, mientras trataba de enderezar una verja con un vecino en el sector residencial Las Picúas, cercano al hotel West Inn Río Mar.
“Hugo no fue nada al lado de esto. Fue serio, serio. Fueron 12 horas de vientos”, resumió Garratón y señalando hacia el río Mameyes dijo que “ese valle era como un lago nuevo, una cosa que en mi vida había visto así”.
“Todavía no he podido llegar a mi casita, pero me dicen que está inundada y que perdí las dos camas, el tablillero y una mesita de comedor”, expresó doña Carmen Fuentes, mientras caminaba junto con familiares por la carretera 191, en un sector de El Yunque, donde brigadas abrían paso con un cavador para sacar del medio palos y postes para que las familias del sector Barcelona pudieran llegar a sus viviendas.
“Me dijeron que de mi casa no quedó nada”.
El ciclón María sólo dejó en pie dos cuartos en concreto de la humilde vivienda. "Lo demás lo voló", lamentó Fuentes.
Unas 230 cotorras que viven en cautiverio, en el aviario de El Yunque, sobrevivieron la embestida del huracán , pero los biólogos del Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre, intentan determinar el impacto del potente ciclón sobre las especies silvestres que anidan en la reserva forestal.
Al otro día del ciclón se registró una víctima indirecta del temporal. Miguel Ángel Orlando Pacheco limpiaba los desagues y escombros que dejó el temporal en su residencia en el barrio Guzmán Abajo del municipio y murió a consecuencia de una caída.

Este chico camina casualmente bajo los postes eléctricos caídos en la carretera 191 hacia El Yunque.

Una multitud espera en fila para comprar una bolsa de hielo.